martes, 9 de septiembre de 2008

Prostitutas al ataque


Unos muchachos sudamericanos andaban en su autito por Valencia, cuando vieron a un grupo de prostitutas cerca de un parque. Uno de ellos se vio seducido por el momento y contrató los servicios de una mujer africana, que abundan por la zona. Sus amigos lo esperaron esa media hora en el auto, mientras el otro se perdía en el parque con la mujer.
Hasta ahí todo normal. Pero después de pagarle a la mujer, y subirse al auto para retirarse, el tipo se dio cuenta de que no estaba satisfecho, que no había disfrutado realmente todo lo que esperaba, así que volvieron con el auto al lugar a reclamar de vuelta su dinero.





Así, tras convencer a sus compañeros, el conductor del vehículo, que ya había iniciado la marcha, dio la vuelta a la rotonda y detuvo el Seat Ibiza a la altura de la pasarela donde se encontraban las mujeres.
El individuo llamó de nuevo a la que había sido su partenaire sexual, que se acercó a la ventanilla del coche y escuchó las pretensiones del cliente descontento. La prostituta intentó retirarse, pero el hombre lo impidió al cogerla por el brazo.
Una compañera de la meretriz acudió presta a defender a su compatriota. La mujer no se lo pensó dos veces y comenzó a gritar para llamar la atención de las restantes prostitutas, al tiempo que se armó con un palo y golpeó al cliente en la cabeza.
En pocos instantes, unas veinte meretrices rodearon el coche. Armadas con piedras y palos, las mujeres descargaron toda su furia contra el vehículo al grito de: "¡Matadlo, matadlo!"
El coche fue inmovilizado tras recibir un aluvión de piedras y golpes con palos que fracturaron dos de sus cristales y abollaron la carrocería. Mientras las prostitutas se hacían dueñas de la situación, los tres ocupantes del coche no daban crédito al violento ataque.
Una de las agresoras abrió la puerta del Seat Ibiza y sacó a rastras al cliente descontento, que fue apedreado a corta distancia por las furiosas mujeres. Los golpes dejaron su cabeza llena de chichones.
Mientras el hombre intentaba zafarse de la paliza que estaba recibiendo en el suelo, sus amigos intentaban en vano rescatarlo. Tiraban fuerte de sus piernas, pero todo lo más que conseguían era acercarlo unos metros hacia el coche.
Las mujeres, envueltas en una tremenda algarabía ininteligible de gritos, arrastraban de nuevo al hombre para sacarlo de la carretera y llevarlo a los matorrales sin dejar de atizarle con los palos y las piedras.
Varios conductores que se toparon con la brutal escena optaron por huir tras ser intimidados por las piedras que les lanzaban las mujeres.Las Provincias






Y claro, las prostitutas están muy alerta, y no les queda otra, porque nadie más que ellas se va a preocupar por ellas.
Es increíble que la mayoría de las naciones del mundo no quieran solucionar el problema de las mujeres trabajando en la calle, sobre todo las trabajadoras sexuales, que están expuestas a todo tipo de peligros, peligros silenciosos como las enfermedades, y peligrosas personas con malas intenciones y ganas de hacer daño. Son un blanco fácil y a nadie le importa en absoluto.

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