lunes, 17 de marzo de 2008

El viento, falo de la madre Tierra...

¿Existe alguna sensación más hermosa que la del viento dando de lleno en todo el cuerpo? Brazos abiertos a contraráfaga y pelos al viento es como puedo sentirme renacer muy fácilmente.
Busco al viento como muchos buscan al sol corriéndose siguiendo su camino de a poco procurando seguir entre sus brazos. Así me encuentre en la estación que sea, no puedo controlar la necesidad del golpe del viento en mí.

No es el agua, ni es el sol, ni la tierra mi adicción si no el viento, que te toma en un arrebato, en un choque de fuerzas y resistencias que hace presente a todo el ser agitándose a su paso.


Muchos lo han utilizado como el símbolo de virilidad en la literatura, por ejemplo Federico García Lorca, en su Romancero Gitano, en donde la pequeña gitana Princesa es acosada por la fálica y voraz presencia del viento.



Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.




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